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Espiritualidad: significado y cómo aplicarla en tu vida

Qué es la espiritualidad ? Los seres humanos vivimos en una realidad física, pero muchos de nosotros desconocemos la existencia de una contraparte espiritual. Una realidad inmaterial que no se encuentra fuera sino dentro de nosotros, que nos impulsa y une, y de la que miles nos encontramos separados.

La espiritualidad es un tema bastante amplio, podríamos dedicar cientos de páginas sobre el tema y aún no podríamos acercarnos a conocerla plenamente. La razón de esto es porque la espiritualidad no es una meta o un destino, sino un camino que nos conduce hacia una vida superior. El crecimiento personal es un desafío que bien vale la pena ser vivido.

En este artículo describiremos qué es la espiritualidad, cuáles son las formas de aplicarla en nuestra vida y cómo puedes tener consciencia hoy mismo de tu naturaleza de espíritu.

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¿Cómo definimos la espiritualidad?

Todas las personas somos, en realidad, espíritus que habitamos un cuerpo físico; si partimos de esa premisa, es fácil comprender por qué cada individuo expresa una definición diferente acerca de la espiritualidad.

El concepto de espiritualidad depende de qué entendamos nosotros sobre ella; cómo la definimos y cuáles características le asignemos. Sin embargo, gracias a que la espiritualidad ha sido una parte vital desde nuestros orígenes, podemos darle una definición muy acertada: la espiritualidad corresponde al conocimiento y cultivo de nuestra esencia inmaterial.

Es una definición bastante corta, pero que resume fielmente los conocimientos sobre ella. Es descrita como el conocimiento de que todos y cada uno de nosotros somos espíritus y también en el desarrollo de las cualidades de ese mismo espíritu.

Pero no solo es saberlo, conocer que somos espíritus no es suficiente, hace falta otra cosa: la consciencia. Solo a través de la consciencia propia del espíritu podemos adentrarnos en las profundidades del mismo y unirnos en comunión con todo lo que nos rodea.

La consciencia es vital, porque al ser conscientes de nuestra naturaleza espiritual podremos vivir una vida llena de espiritualidad. La otra parte corresponde al cultivo o desarrollo de las cualidades elevadas del espíritu, aquellas características o valores propias de nuestra naturaleza.

La espiritualidad como parte fundamental del ser humano

Existe una verdad, que todos los seres humanos estamos constituidos por varias partes o dimensiones tanto materiales como inmateriales, estas pueden ser:

Según la rama filosófica o nuestras creencias, estas dimensiones pueden variar, pero se distingue la estructura fundamental de cuerpo, alma y espíritu.

El cuerpo, como sabemos, es la parte más externa, de naturaleza física y tangible, es el instrumento por el cual nos relacionamos con el mundo físico. El alma, por otra parte, es la dimensión de las sensaciones, el conocimiento, la experimentación de la realidad. El alma a través de la mente es capaz de razonar, tener sentimientos y responder a estos.

Pero hay una parte más profunda y «complicada» de acceder: el espíritu. El espíritu es la esencia propia, nuestro ser más profundo y nuestro verdadero yo. Es el nexo entre nosotros y las realidades superiores, y solo por medio de él tendremos plena sintonía con el universo.

No podemos separarnos del espíritu tal como este no puede hacerlo de nosotros porque el espíritu somos nosotros mismos. Por esta razón, la espiritualidad constituye una parte esencial de nuestro ser para alcanzar la comprensión de todas las cosas y vivir una vida plena y satisfactoria.

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¿Cómo podemos ser más espirituales?

El desarrollo de los valores superiores del espíritu es la espiritualidad, un camino que recorremos para ser felices. El espíritu tiene tres cualidades principales o valores que son la verdad absoluta, la consciencia absoluta y la beatitud.

Es por esto por lo que el espíritu es naturalmente invariable y no le afectan los «problemas» de la vida porque está en un estado perpetuo de dicha y gozo.

Debido a que nuestra naturaleza es ser dichosos y vivir feliz, todos buscamos, consciente o inconscientemente, esa dicha y felicidad. Pero hay un problema, las personas olvidamos que la fuente de nuestra felicidad reside dentro de nosotros, razón por la cual enloquecemos buscado la dicha en el mundo.

Esta es la causa por la que llenamos nuestra vida de vicios o «parches» y nos salimos del camino porque buscamos desesperadamente llenar nuestra necesidad de amor con cosas mundanas.

La espiritualidad nos ayuda a tomar el camino correcto y retornar a esa fuente inagotable y sobreabundante de gracia y felicidad que yace en cada uno.

En este sentido, existen cuatro leyes o enseñanzas fundamentales sobre las que se basa la enseñanza de la espiritualidad. Estas leyes son inmutables y se extienden a todas aquellas personas que desean aprender a ser más espirituales:

  1. La persona que llega es la correcta: esta enseña que cada persona que llega a nuestras vidas no lo hace por casualidad, sino para enseñarnos y enseñarles a ellas.
  2. Aquello que sucede es lo único que pudo haber sucedido: se argumenta que todas las situaciones que suceden no podrían haber sido de otro modo.
  3. El momento en el que inicias es el momento correcto: enseña que el momento oportuno siempre es el ahora, es decir, aquel momento en el que decidas comenzar.
  4. Cuando algo termina, termina definitivamente: tanto relaciones, sentimientos o situaciones, cuando las cosas concluyen es porque así debe ser.

Las prácticas o hábitos descritos a continuación están ligadas estrechamente con estas 4 leyes fundamentales de la espiritualidad. Su propósito es ayudarte a adentrar en las profundas enseñanzas del espíritu y así lograr un crecimiento personal y espiritual muy elevado.

Presta atención a tus pensamientos

Los pensamientos son ondas de energía que emites en todas direcciones hacia el exterior, pero más importante, los pensamientos moldean tu estado de ánimo y tus acciones. Es imposible que alguien se encuentre bien y en armonía cuando tiene pensamientos de baja frecuencia, así como no es posible el caso contrario.

Toda acción humana comienza con un pensamiento, si estos son armoniosos, la acción será, consecuentemente, armoniosa.

Tus pensamientos crean tu realidad porque tu mente crea, ve, siente y cree aquello que los pensamientos le muestren. Por ello, debes empezar a tener pensamientos que estén en armonía con el universo. Pensamientos luminosos y llenos de amor espiritual hacia ti mismo y hacia los demás.

Lo que piensas es lo que atraes a tu vida, ten en cuenta el poder de la ley de atracción.

Despierta el valor de la gratitud

La gratitud es un acto muy elevado. Agradecer cada mañana por tener una nueva oportunidad de hacer las cosas, tener vida y de disfrutar de ella es muy importante. También, al llegar la noche, agradecer por las situaciones vividas, sean estas placenteras o no, te permiten entrar en un estado de aceptación, atrayendo muchas más cosas buenas y elevando tu ser a un estado superior.

Una práctica muy buena es tener contigo una libreta o cuaderno, en él escribirás cada día de cinco a 10 cosas por las que agradecer. No te vayas a la cama sin haber anotado estas cosas y tómate un tiempo para meditar en ellas y agradecer por la oportunidad de vivirlas.

Da cosas buenas para recibir cosas buenas

Todo lo que das vuelve a ti, es una máxima universal aplicada por la ley de causa y efecto. Si deseas recibir cosas buenas debes dar cosas igualmente buenas.

Claro está, que hablamos en un sentido espiritual, no se trata de cosas materiales o físicas. Una palabra de aliento, un acto de caridad, hasta los pensamientos que emites son cosas que das al universo. Por eso todo tu ser debe estar en armonía con lo elevado.

No obstante, el acto de dar requiere de una actitud amorosa, caritativa, desinteresada y sin esperar nada a cambio. Las cosas buenas que hacemos por los demás vuelven a ti de la misma manera.

Desarrolla el hábito de la meditación

Toda persona debería intentar meditar al menos una vez, descubriría los grandes beneficios que tiene para el alma esta valiosa práctica. La meditación busca adentrar a la mente consciente hasta las profundidades del espíritu en un acto de autoconocimiento.

La meditación calma a la mente, pone al cuerpo en un estado de reposo y predispone al alma para contemplar la esencia espiritual. El solo hecho de estar unos minutos en silencio, en paz, mejora a concentración y ordena los pensamientos de forma clara.

Igualmente, se ha comprobado que la meditación ayuda al cerebro a crear nuevas conexiones neuronales y refuerza el sistema inmunológico.

Bastan solo unos minutos al día. Busca un lugar en silencio y sin interrupciones, adopta una postura natural, preferiblemente sentado, y comienza a relajarte prestando atención a tu respiración. Existen muchos tipos de meditación, cada una con un fin específico, pero todas orientadas a mejorar la conexión con nuestro espíritu.

Deshazte de la ilusión del control

No todo lo que sucede en nuestra vida podemos cambiarlo. Las cosas suceden porque así debe ser e intentar frenar o cambiar ese ciclo podría considerarse una transgresión a la naturaleza.

Deshacerte de la ilusión de que tienes control de todo lo que pasa en tu vida traerá grandes beneficios, primero porque suelta las grandes cargas autoimpuestas, relaja el cuerpo y la mente, y te libera de tu esclavitud mental.

Al alcanzar ese grado de liberación, tu cuerpo y alma podrán sentir la dicha y felicidad por parte del espíritu.

Aceptar que hay cosas que no puedes cambiar te permitirá concentrarte en aquellas que sí, sin malgastar energía en el proceso y permitiéndote conectar con su esencia espiritual.

Constrúyete

Una persona que tenga contacto con su ser interior mostrará un carácter más elevado que aquella que no cuenta con ese equilibrio. La construcción del carácter no es algo que se haga de la noche a la mañana, sino más bien una práctica continua para lograr un perfecto crecimiento personal.

El peor enemigo para una persona espiritual son las vanidades del mundo. Tener consciencia de estas debilidades mundanas es el primer paso para tratar de erradicarlas. La lucha no es fácil, pero los esfuerzos te traerán excelentes resultados y un carácter más refinado e integral.

La construcción del carácter también se puede definir como el autocontrol que tienes sobre ti mismo y cómo actúas frente a situaciones o sentimientos que no son favorables.

Una técnica muy útil si estás empezando a crecer espiritualmente es el uso de la reflexión interior y la firme resolución a través de la visualización. Consiste en pensar en aquellas situaciones o acciones externas o propias que no te gustaron durante el día y recrearlas como te habrían gustado que fueran.

Verás como a medida que lo haces, tu mente se fortalecerá en la reflexión interior y corregirá aquellas cosas que no correspondan con un carácter elevado.

¿Cómo nos ayuda la espiritualidad y cuáles son sus beneficios?

Imagina poder entrar en contacto con tu naturaleza más profunda y sutil, donde se encuentran las respuestas a todas tus preguntas y las soluciones de todos tus problemas. Esto es posible gracias al ejercicio de la espiritualidad.

¿Te has preguntado cuál es la razón y el propósito de tu existencia?, ¿qué deberías hacer con tu vida?, ¿si estás caminando por el camino correcto? Todas estas preguntas son cabalmente respondidas cuando comienzas a cultivar tu esencia espiritual.

Cuando trabajas en tu crecimiento espiritual encuentras el bienestar y la satisfacción que siguen a la paz interior. En este sentido, la espiritualidad no solo trata de organizar los aspectos exteriores a ti, sino formar una conexión contigo mismo para encontrar el significado personal y el propósito de vida.

Como cualquier otro mal, la insatisfacción busca arrancar de la persona la paz y la felicidad; la espiritualidad centra al individuo y le da objetivos claros, haciéndole ver que la felicidad yace en el autoconocimiento.

Es precisamente en este crecimiento espiritual donde somos capaces de encontrar el verdadero propósito de nuestra vida; quiénes somos realmente y qué queremos llegar a ser. Gracias a esto, podemos llegar a alcanzar la verdadera libertad y encontrar realmente la felicidad.

Sin embargo, el cultivo de la espiritualidad tiene también otros beneficios que describiremos a continuación:

  • Contribuye a la resolución de los problemas: hay una máxima que se recoge de todas las enseñanzas espirituales, los problemas no son problemas a menos que quieres que así sean. Esto es una sabiduría muy elevada, significa que las cosas pasan y tú eres quien les asigna el grado en el cual te afectan.

Se puede encontrar la razón de aquellas situaciones infortunadas de la vida cuando se entra en un estado espiritual. De este modo se pueden tanto resolver como entender por qué ocurren.

  • Desarrolla la identidad propia o el autoconocimiento: el espíritu es lo que realmente eres, si no lo conoces, o sea, si no te conoces a ti mismo, ¿cómo puedes ser feliz? La espiritualidad enseña que el valor del conocimiento propio es una de las razones de la felicidad. Solo cuando te conoces a ti mismo eres capaz de conocer a los demás y formar parte del todo.
  • Promueve las aspiraciones superiores: todo cuanto te propongas ser o hacer, lo puedes lograr. El espíritu es la fuente de la potencialidad. Cuando llevas una vida espiritual, tus aspiraciones son acordes a lo que realmente eres, y cuando haces las cosas que amas, eres feliz.
  • Te ayuda a guiarte: hemos mencionado que el espíritu es el recipiente donde se encuentra la verdad y el conocimiento absoluto. Pues cuando entras en contacto con él, te sirve como un mapa para guiarte hacia tus objetivos.
  • Te liberas del estrés: el estrés es un gran mal que afecta a la humanidad. Cuando somos espirituales, vemos lo minúsculo de las cosas por las que nos preocupábamos. De este modo, vivimos una vida confiada y con una mente en calma.
que es la espiritualidad

De lo material a lo inmaterial

La espiritualidad se ocupa de las cosas inmateriales, aquellas que son invisibles al cuerpo, pero no por ello menos esenciales. El cuerpo es un instrumento, por medio del cual experimentamos las experiencias de la vida. Así, absorbemos todos los conocimientos existentes en este mundo físico.

Aun cuando las cosas físicas o materiales no sean, propiamente, esenciales y vitales en nuestra vida, no debemos restarles importancia. No queremos contribuir a que seas un mojigato espiritual, la mayoría de las cosas materiales y físicas son buenas y provechosas.

No hay nada de malo en aspirar tener una casa linda, un auto de lujo, tener dinero o contar con él, tener las cosas que siempre has querido. El problema viene cuando antepones o le das mayor importancia a estas sobre las espirituales, olvidando tu naturaleza y enajenando tu propósito para con la vida.

Cuando lo material es más importante para ti que las cosas que provienen del espíritu, caes en el apego, un vicio del que es muy difícil escapar porque constituye un ciclo, un fuego que tú mismo decides perpetuar.

Una analogía muy usada en las enseñanzas espirituales es ver esta vida como una escuela, donde nosotros somos como niños pequeños. En esta escuela hay estanterías llenas de juguetes muy buenos, ninguno demasiado bueno para ti. Coge puñados de esos juguetes y juega con ellos hasta que te canses. Juega con todo y de la manera correcta.

Solo hay que recordar una cosa, aunque todos estos juguetes son muy buenos, no dejan de ser juguetes, simples objetos: carritos, ladrillos, pelotas… Necesarios para aprender las enseñanzas, pero solo son eso. Así que, cuando llegue el momento de pasar a la siguiente clase, debes entender que tienes que soltarlos todos, sin quejarte.

Las cosas materiales son buenas, son esos juguetes que usamos en la guardería de la vida, pero no debemos apegarnos a ellos porque no son parte de nosotros. Es bueno usarlos, pero no permitir que ellos nos usen a nosotros hasta convertirnos, a su vez, en esclavos.

Espiritualidad y religión, ¿son lo mismo?

Es normal que las personas confundan la espiritualidad con la religión al ser esta última la primera forma de encuentro entre el individuo y los valores superiores. A pesar de ello, ambas tienen significados y aplicaciones diferentes, aunque muy estrechas y ligadas.

Como ya hemos descrito, la espiritualidad se refiere a la consciencia y la práctica de los valores inmateriales, aquellos que pertenecen al espíritu. Además, significa tener un sentido de unión y comunión, de meditación interior y templanza. Mientras que la religión acepta, por lo general, la existencia de una divinidad, una entidad superior, creadora y/o mediadora.

Igualmente, las religiones tienen una parte cultural y tradicional, con doctrinas y enseñanzas recogidas durante generaciones expresadas en ritos o actos solemnes.

Si bien, la religión es, esencial y fundamentalmente espiritual, tanto esta como la espiritualidad pueden diferenciarse claramente. Así, podemos encontrar espiritualidades carentes de religión y religiones sin una pizca de espiritualidad, algo que, a nuestro parecer, es una gran pena.

Con todo, aunque sea posible hallarlas separadas, lo mejor es verlas como partes de un todo; íntegramente. Si analizamos los fines primeros de la religión y de la espiritualidad desde la perspectiva de los valores humanos, podemos notar que ambas buscan desarrollar el amor y la caridad, aumentar la tolerancia y la capacidad de amar, de buscar el propósito y la felicidad de la vida.

La religión y la espiritualidad se centran en brindar consuelo, alivio y paz a las personas que así lo necesiten. Por ello, deben ser instrumentos de cambio interior y de crecimiento personal y espiritual para todos nosotros.

Aun cuando no son, esencialmente, lo mismo, ambas comparten fines y son herramientas para una u otra. Si bien es posible ser espiritual sin profesar alguna religión, también lo es ser religioso sin espiritualidad, aunque esto último sea algo no natural y sin fundamentos.

Antes de irte

La esencia original que yace en cada persona es el espíritu, podemos visualizarlo a través de los ojos del alma y solo cuando ponemos en práctica los hábitos que hemos descrito.

La vida puede tener sentido y los problemas desaparecer cuando entramos en contacto con nuestro verdadero ser y nos dejamos guiar por las enseñanzas del espíritu.

Entrar en el camino de la espiritualidad es posible para todos al ser la única vía a través de la cual alcanzamos el equilibrio con todas las personas y con todo el universo a nuestro alrededor.